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Kamera Express
Para fotografiar una naturaleza muerta no necesitas un estudio fotográfico profesional. Lo que sí necesitas es una buena dosis de paciencia. Eres tú quien se encarga de todos los pequeños detalles: la luz, el estilismo, la composición, entre otros. Dado que como fotógrafo o fotógrafa eres responsable de todo en una naturaleza muerta, es la oportunidad ideal para practicar cómo contar una historia.
Mucha gente conoce la naturaleza muerta a través del arte del pasado, pero hoy en día sigue siendo algo muy habitual. Eso sí, un poco menos con pincel y un poco más con cámara. Si lo buscas en el diccionario, la explicación es sencilla: una composición de objetos inanimados.
La composición puede adoptar cualquier forma: flores, vajilla, instrumentos musicales o una comida cotidiana, por ejemplo. Si prefieres no fotografiar las naturalezas muertas más habituales, busca tus objetos favoritos para retratar.

Una vez que hayas decidido el objeto principal de tu naturaleza muerta, llega el trabajo divertido pero exigente. ¿Qué otros objetos eliges, qué combinaciones quedan bien y qué crea cohesión? Recuerda: tu naturaleza muerta no debe parecer un mercadillo, sin un caos de objetos reunidos al azar. La clave está en que las combinaciones cuenten juntas una historia o, al menos, sigan un tema. Cuando tengas claro el tema, puedes empezar a colocar los objetos.
La naturaleza muerta no se limita a los objetos. El fondo y la superficie son igual de importantes que los propios objetos. Busca una superficie que encaje con la atmósfera que quieres transmitir: un mantel, por ejemplo, o una robusta tabla de madera. Haz lo mismo con el fondo y combínalos de forma armoniosa.
Es momento de volver al punto de partida y pensar en la composición ideal. ¿Cómo quieres colocar todo, qué queda bien junto y, sobre todo, qué historia quieres contar? Haz un boceto de la composición ideal, coge tu cámara y colócala en un trípode. Consulta el boceto con frecuencia y mira por el visor para comprobar si has logrado la imagen que tenías en mente.
Ahora que has colocado todo en su sitio, el siguiente paso es trabajar la iluminación. Aunque normalmente podrías optar por la luz natural del día, para las naturalezas muertas se recomienda el uso de softboxes y paraguas de flash. ¿Por qué? Sencillamente porque tienes la libertad de controlar la luz exactamente como la imaginas. Al fin y al cabo, es la luz la que transforma una buena toma en una obra de arte.
Cuando empiezas a trabajar con luz artificial, se vuelve aún más importante prestar atención a los ajustes de tu cámara. En particular, la velocidad de obturación es clave para lograr una buena exposición en tus fotos. Ajustándola correctamente, te aseguras de que tu naturaleza muerta sea claramente visible en la imagen. Jugar con este parámetro te permite ver si la luz artificial está bien posicionada, si necesitas más focos o si todo está perfecto. ¿Quieres que la foto quede más oscura o más clara? Ajusta la velocidad de obturación o el triángulo de exposición. Además de la cantidad de luz, la velocidad de obturación también determina las posibilidades de que aparezca desenfoque por movimiento. Una velocidad más alta significa capturar la foto más rápido con menos ruido de movimiento. Pero si quieres asegurarte de que tu naturaleza muerta esté bien expuesta y sin desenfoque por movimiento, opta siempre por trabajar con un trípode. ¡La seguridad, ante todo!
